Obesidad: comprender, acompañar y buscar caminos hacia la salud

La obesidad es un tema que suele generar incomodidad y hasta estigmas. Sin embargo, detrás de las cifras y los diagnósticos médicos hay algo mucho más humano: personas que, en medio de su vida cotidiana, cargan con un peso que no siempre se mide en kilos, sino en preocupaciones, síntomas y dificultades que afectan su bienestar.
Hablar de obesidad significa abrir un espacio para comprender qué la provoca, qué consecuencias trae consigo y, sobre todo, cómo se puede buscar ayuda para mejorar la salud física y emocional.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la obesidad como una epidemia global del siglo XXI. En 2022, más de 650 millones de adultos en el mundo convivían con esta enfermedad, y las cifras continúan en ascenso.
Este panorama nos hace pensar en cómo nos relacionamos con la alimentación, el entorno y la salud en general, entendiendo que no se trata de una cuestión estética, sino de una condición médica seria y compleja.
Un panorama preocupante en Latinoamérica
Chile lidera el ranking de obesidad en Latinoamérica, y en el futuro podría posicionarse como uno de los países con más obesos a nivel mundial.
Según la Federación Mundial de la Obesidad, el 42% de los chilenos mayores de 20 años tiene esta enfermedad, y si la tendencia se mantiene, en cinco años más la cifra podría superar los 14 millones de personas.
Pero la obesidad no se reduce solo a una cuestión de alimentación. Es multifactorial: involucra aspectos económicos, culturales, estresores, metabólicos y endocrinos. El Dr. Javier Vega, nutriólogo y diabetólogo UC CHRISTUS, da algunas luces de por qué Chile lidera este preocupante ranking:
“Chile tiene una población con mayor tendencia a la resistencia a la insulina, lo que facilita el desarrollo de obesidad y enfermedades metabólicas. Esta carga genética se suma a hábitos poco saludables, lo que agrava la situación”.
Causas más comunes de la obesidad
La obesidad no aparece de un día para otro ni responde a una única razón. Es el resultado de una combinación de factores que, en muchos casos, escapan del control personal absoluto. Entre las causas más comunes encontramos:
Hábitos alimenticios desbalanceados: un consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares, grasas saturadas y calorías vacías puede favorecer el aumento de peso.
Sedentarismo: la vida moderna, con largas horas frente a pantallas y poco tiempo para moverse, reduce el gasto energético diario.
Factores genéticos y metabólicos: la predisposición hereditaria influye en cómo el cuerpo almacena grasa y regula el apetito.
Alteraciones hormonales: enfermedades como el hipotiroidismo, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) o la resistencia a la insulina pueden dificultar el control del peso.
Factores emocionales y psicológicos: el estrés, la ansiedad y la depresión muchas veces llevan a comer en exceso o a recurrir a la comida como una forma de consuelo.
Medicamentos: algunos fármacos, como los corticoides o ciertos antidepresivos, tienen como efecto secundario el aumento de peso.
Comprender estas causas es esencial para dejar de ver la obesidad como un “problema de fuerza de voluntad” y empezar a entenderla como una condición multifactorial, que requiere un enfoque integral.
Consecuencias de la obesidad
La obesidad puede generar síntomas que afectan la vida diaria, incluso antes de que aparezcan enfermedades crónicas. Algunas señales comunes son la fatiga constante, la dificultad para dormir bien, el dolor en articulaciones o la falta de aire al realizar actividades cotidianas.
Cuando no se aborda a tiempo, la obesidad se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como:
Diabetes tipo 2: que suele requerir medicamentos como la metformina o, en casos más avanzados, tratamientos con insulina para controlar los niveles de glucosa en sangre.
Hipertensión arterial: que puede necesitar fármacos de uso frecuente como los inhibidores de la ECA (enalapril), los antagonistas de los canales de calcio (amlodipino) o los diuréticos (hidroclorotiazida).
Colesterol elevado: que en muchos casos se controla con estatinas como atorvastatina y rosuvastatina.
Apnea del sueño: donde además del tratamiento médico, a veces se indica el uso de equipos conocidos como dispositivos CPAP. Estas máquinas ayudan a mantener la respiración estable durante la noche mediante una suave presión de aire, lo que permite descansar mejor y evitar las pausas respiratorias típicas de esta condición.
Dolor articular y artrosis: que puede requerir analgésicos o antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como ibuprofeno o naproxeno, siempre bajo control médico.
Enfermedad por hígado graso no alcohólico: que suele acompañarse de recomendaciones nutricionales y fármacos para controlar lípidos o glucosa.
Mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, como el de colon o mama, lo que hace fundamental la detección precoz.
Caminos hacia el tratamiento y la ayuda
Superar la obesidad no es un proceso rápido ni uniforme. Cada persona necesita un enfoque adaptado a su historia, sus condiciones de salud y sus posibilidades. La buena noticia es que existen múltiples alternativas para empezar a mejorar el bienestar, poco a poco y sin exigencias irreales.
1. Apoyo médico profesional
El primer paso siempre debe ser consultar con un especialista. Médicos clínicos, endocrinólogos y nutricionistas pueden evaluar las causas específicas y diseñar un plan de acción seguro. Esto incluye desde estudios de laboratorio hasta la detección de enfermedades asociadas.
2. Nutrición consciente
No se trata de dietas extremas ni prohibiciones rígidas, sino de aprender a equilibrar los alimentos, incorporar más frutas, verduras, proteínas magras y cereales integrales, y reducir los productos ultraprocesados. Un plan guiado por un nutricionista permite que los cambios sean sostenibles y realistas.
3. Movimiento adaptado a cada cuerpo
El ejercicio físico no es una carrera de alto rendimiento. Caminar, nadar, bailar o realizar actividades suaves pueden marcar la diferencia en la energía, el ánimo y la salud cardiovascular. Lo importante es encontrar una forma de moverse que sea placentera y se pueda mantener en el tiempo.
4. Apoyo psicológico
La obesidad suele tener una carga emocional profunda. Terapias individuales, grupos de apoyo o acompañamiento psicológico pueden ayudar a identificar patrones de conducta, manejar la ansiedad y fortalecer la autoestima.
5. Alternativa/Cirugía
También existen tratamientos quirúrgicos, como la cirugía bariátrica, indicados para personas con obesidad severa y riesgos asociados. Estas decisiones siempre deben tomarse con orientación profesional, evaluando cuidadosamente riesgos y beneficios.
Un camino posible y humano
Cada historia de obesidad es diferente, pero todas comparten algo en común: la necesidad de un acompañamiento empático, libre de juicios y orientado al cuidado integral. Buscar ayuda no significa debilidad, sino valentía. Reconocer la importancia de la salud es un acto de amor propio y también un regalo para quienes nos rodean.
En Biofar pensamos que cada persona merece tener acceso a la información y a las herramientas necesarias para mejorar su bienestar, sin cargas innecesarias ni estigmas. La obesidad es una condición de salud que puede ser enfrentada, paso a paso, con apoyo médico, emocional y social. Y, sobre todo, con la certeza de que nunca se está solo en el camino.
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