Dormir bien en tiempos difíciles: el insomnio como reflejo de una sociedad agotada.

Son las dos de la madrugada. Das vueltas en la cama, miras el techo, revisas el celular, intentas cerrar los ojos con fuerza como si eso bastara para dormirte… pero el sueño no llega. Tu cuerpo está cansado, pero tu mente sigue activa, atrapada en preocupaciones, pendientes o simplemente en la ansiedad de no poder dormir.
¿Te suena familiar?
En Chile, cada vez más personas enfrentan dificultades para dormir bien. Lo que antes era una “noche complicada” ahora se repite varias veces por semana, afectando el ánimo, el rendimiento diario y, a largo plazo, la salud general.
En un país donde el ritmo de vida es acelerado, el estrés laboral y social es elevado, y el acceso a atención psicológica no siempre es fácil, el insomnio ha dejado de ser un mal pasajero para convertirse en un problema creciente de salud pública.
Dormir mal no es solo estar cansado. Es una señal de que algo no anda bien. Y como toda señal, necesita ser atendida, comprendida y, sobre todo, acompañada con el tratamiento adecuado.
¿Qué son los trastornos del sueño?
Los trastornos del sueño son alteraciones que impiden tener un descanso reparador, ya sea por la calidad o por la cantidad de horas dormidas. El más común es el insomnio, que puede manifestarse de distintas formas:
-Insomnio de conciliación: dificultad para quedarse dormido.
-Insomnio de mantenimiento: despertares frecuentes durante la noche.
-Despertar precoz: abrir los ojos muy temprano, sin poder volver a dormir.
Sin embargo, el insomnio no es el único trastorno que afecta el descanso. También existen otros menos conocidos pero igualmente importantes, como la apnea del sueño, el síndrome de piernas inquietas, o los trastornos del ritmo cardíaco.
Según estudios recientes, en Chile entre un 40% y un 60% de los adultos asegura tener problemas de sueño al menos una vez por semana. Las cifras aumentan entre mujeres, adultos mayores y personas que trabajan en turnos nocturnos o rotativos.
Causas sociales, emocionales y físicas del insomnio.
Dormir mal no suele ser casualidad. En la mayoría de los casos, es consecuencia de múltiples factores que se van acumulando. A continuación, revisamos los más comunes en el contexto chileno:
1- Factores sociales y ambientales
-Estrés laboral y presión constante: muchas personas viven con un alto nivel de exigencia y con horarios que no les permiten desconectarse realmente.
-Inseguridad económica: el aumento del costo de la vida, las deudas y la inestabilidad laboral generan ansiedad que se arrastra hasta la noche.
-Sobreexposición a pantallas: trabajar o entretenerse con dispositivos electrónicos hasta tarde interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
2- Factores psicológicos y emocionales
Ansiedad generalizada y depresión: ambos cuadros pueden alterar profundamente los ciclos del sueño. Muchas veces, las personas no logran “apagar la cabeza” al acostarse.
Estrés crónico: vivir constantemente bajo presión provoca un estado de alerta que impide al sistema nervioso relajarse.
3- Factores médicos o físicos
Dolores persistentes: enfermedades como la artrosis, lumbalgia o fibromialgia interrumpen el sueño.
Cambios hormonales: en etapas como la menopausia o el embarazo, es común que aparezcan alteraciones del sueño.
Sustancias estimulantes: el consumo excesivo de café, bebidas energéticas, alcohol o algunos medicamentos puede alterar el ritmo natural del cuerpo.
Soluciones caseras, suplementos y automedicación
Cuando el insomnio se vuelve parte del día a día, muchas personas comienzan a buscar soluciones por su cuenta. A veces por vergüenza, por falta de tiempo o por desconfianza en el sistema de salud, recurren primero a lo que está al alcance: consejos familiares, remedios naturales o productos de venta libre en farmacias.
Algunas de estas estrategias pueden ayudar, pero otras conllevan riesgos si no se manejan con cuidado.
1- Infusiones y remedios caseros
El clásico “tecito para dormir” sigue siendo una de las primeras alternativas que muchas personas en Chile prueban. Infusiones de valeriana, melisa, armonyl o lavanda son populares por sus supuestos efectos relajantes.
Si bien no existen estudios concluyentes que aseguren su efectividad a nivel clínico, muchas personas reportan que ayudan a disminuir la ansiedad previa al sueño, especialmente si se acompañan de una rutina calmada antes de acostarse.
2- Suplementos naturales y productos de venta libre
En los últimos años se ha popularizado el uso de productos naturales, como:
Melatonina: una hormona que el cuerpo produce de forma natural y que se vende como suplemento para ayudar a regular el ciclo sueño-vigilia. Suele ser bien tolerada, aunque su uso prolongado debe ser supervisado.
Magnesio: ayuda a relajar los músculos y el sistema nervioso. Algunas personas con déficit leve de magnesio encuentran alivio al incorporarlo.
Passiflora o L-triptófano: ingredientes de algunos productos que prometen inducir el sueño o reducir el estrés.
Estos suplementos pueden tener cierto beneficio, especialmente en casos de insomnio leve o transitorio. Sin embargo, es importante recordar que “natural” no siempre es sinónimo de “seguro”, y su uso constante sin orientación médica puede ser ineficaz.
3- Automedicación con fármacos
Un problema creciente en Chile es la automedicación con medicamentos ansiolíticos o hipnóticos, como el clonazepam o el zolpidem, que muchas personas obtienen sin receta o gracias a prescripciones antiguas.
Este tipo de fármacos puede ser muy eficaz en el corto plazo, pero también generan dependencia, tolerancia (cada vez se necesita más dosis para lograr el mismo efecto) y efectos secundarios como somnolencia diurna, caídas en adultos mayores o alteraciones de la memoria.
¿Cuáles son los tratamientos disponibles?
Dormir mal no es solo un síntoma, también puede convertirse en una enfermedad si se mantiene en el tiempo. Cuando las estrategias caseras no funcionan o cuando el insomnio empieza a afectar seriamente la calidad de vida, es fundamental consultar con un profesional. El tratamiento del insomnio debe ser integral, individualizado y, muchas veces, multidisciplinario.
1- Terapias conductuales
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es considerada la opción más efectiva a largo plazo. Consiste en modificar conductas y pensamientos que interfieren con el sueño. Algunos de los pilares de esta terapia son:
-Reeducar al cuerpo para dormir en horarios regulares.
-Identificar y cambiar pensamientos negativos asociados al sueño.
-Establecer rutinas nocturnas saludables.
-Reducir la ansiedad anticipatoria a la hora de acostarse.
2- Tratamiento farmacológico: cuándo sí y cuándo no
En algunos casos, especialmente cuando el insomnio es severo o está vinculado a una condición de salud mental o física, los medicamentos pueden ser necesarios. Entre los más recetados en Chile se encuentran:
-Zolpidem: un hipnótico de acción rápida que ayuda a conciliar el sueño. Su uso debe ser breve, ya que puede generar dependencia.
-Clonazepam y otros benzodiacepínicos: se utilizan para tratar la ansiedad, pero también se recetan como inductores del sueño. No se recomienda su uso crónico.
-Quetiapina (en dosis bajas): aunque es un antipsicótico, algunos médicos lo indican para insomnio resistente, aunque esta práctica es debatida.
-Melatonina recetada: en algunos casos, se puede recetar en dosis específicas y controladas.
También es frecuente el uso de otros fármacos recetados como el alprazolam o el lorazepam, indicados principalmente para tratar la ansiedad, pero que muchas personas utilizan como inductores del sueño sin seguimiento médico.
Aunque pueden generar un efecto sedante eficaz en el corto plazo, su uso prolongado conlleva riesgos similares a los del clonazepam, como dependencia y tolerancia, además de afectar la concentración y la coordinación al día siguiente.
En casos más complejos o resistentes, algunos médicos recetan medicamentos antidepresivos sedantes como la trazodona o la amitriptilina, especialmente cuando el insomnio está relacionado con trastornos del ánimo o dolor crónico.
Es importante destacar que el tratamiento farmacológico siempre debe estar supervisado por un médico, ya que su mal uso puede agravar el problema, generar dependencia o efectos adversos.
Dormir bien no debería ser un lujo
En una sociedad cada vez más exigente, lograr un descanso reparador se ha vuelto un desafío para miles de personas. El insomnio no es solo una molestia pasajera: puede afectar gravemente la salud física y mental si no se aborda a tiempo. Por eso, hablar del tema, normalizar la búsqueda de ayuda y contar con espacios que entreguen información confiable y acceso justo a tratamientos es fundamental.
En Biofar.cl, entendemos lo importante que es cuidar el sueño. Ya sea que necesites orientación, acceso a tratamientos, suplementos naturales o un acompañamiento más cercano, estamos para ayudarte. Porque dormir bien no debería ser un lujo, sino un derecho.
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