La insuficiencia cardíaca: cuando el corazón “se cansa”.
Si te dijera que el corazón a veces “se cansa” y deja de bombear con la fuerza que necesita, quizá suene grave, y lo es, pero hay mucho que se puede hacer cuando se reconoce a tiempo.
En Chile, la prevalencia de insuficiencia cardíaca en la población general en torno al 3%, con un aumento marcado en las personas mayores (puede llegar al 8–10% en quienes superan los 70 años).
Esta cifra muestra que no es una enfermedad rara: afecta a miles de personas y es una de las principales causas de hospitalización en adultos mayores.
¿Qué es la insuficiencia cardíaca?
No significa que el corazón se haya parado; significa que ya no puede bombear sangre de forma eficiente para cubrir las necesidades del cuerpo. Ese bombeo insuficiente provoca que te fatigues con facilidad, que te falte el aire al hacer esfuerzos que antes eran normales, que te hinches en piernas o abdomen por retención de líquidos, o que sientas palpitaciones.
Hay distintos tipos: algunos pacientes tienen disminuida la fuerza de contracción del corazón (fracción de eyección reducida) y otros mantienen esa fuerza pero el músculo está rígido y no se llena bien (fracción preservada). Cada caso pide una evaluación y un tratamiento individual.
¿Por qué se produce?
Detrás de la insuficiencia cardíaca hay muchas causas. Las más frecuentes incluyen enfermedad coronaria (daño por episodios previos), hipertensión arterial crónica, diabetes, valvulopatías, daños tras radioterapia o quimioterapia, y condiciones que provocan sobrecarga al corazón como el consumo excesivo de alcohol o el tabaquismo.
Además, el envejecimiento y algunas enfermedades crónicas facilitan su aparición. Es importante entender que a menudo la insuficiencia cardíaca aparece por la suma de varios factores.
Cómo evoluciona y por qué no conviene esperar
La insuficiencia cardíaca tiende a ser crónica y progresiva, con fases de estabilidad y episodios de descompensación (cuando aparecen edemas severos, dificultad respiratoria importante o necesidad de hospitalización).
Con un diagnóstico y tratamiento adecuado muchos pacientes mejoran su calidad de vida y reducen el riesgo de hospitalizaciones; sin tratamiento, la enfermedad avanza y complica otros órganos, como los riñones.
Cuidados básicos que puedes llevar a la práctica
1. Adherencia al tratamiento: tomar la medicación como te la indiquen es la pieza central. Muchos fármacos no “curan” de golpe, pero sí mejoran síntomas y prolongan la vida.
2. Control del peso y la retención de líquidos: pésate regularmente y comunica al equipo de salud cualquier aumento rápido de peso (por retención).
3. Dieta: reducir la sal es fundamental (evitar alimentos procesados, enlatados y excesos de sal en la cocina). Mantener una dieta rica en frutas, verduras y moderada en grasas saturadas ayuda a controlar factores de riesgo asociados.
4. Ejercicio: con orientación médica, la actividad física moderada y regular (caminar, ejercicios de rehabilitación cardíaca) mejora la capacidad funcional y el ánimo. Nunca empieces o aumentes ejercicio sin consultarlo.
5. Control de comorbilidades: manejar la presión arterial, la diabetes y dejar de fumar son medidas que ralentizan el avance de la insuficiencia cardíaca.
6. Seguimiento activo: controles médicos periódicos, análisis (incluyendo marcadores como el NT-proBNP cuando el equipo lo indique) y ajustes de tratamiento según evolución.
El rol de la farmacia y de Biofar
Desde la farmacia se puede apoyar con educación sobre la medicación, recordatorios para la adherencia, revisión de interacciones y consejos prácticos sobre dieta y autocuidado.
En pacientes crónicos, la cercanía y el seguimiento farmacéutico contribuyen a evitar hospitalizaciones evitables y a mantener la calidad de vida.
Medicamentos más usados para la insuficiencia cardíaca
El tratamiento farmacológico de la insuficiencia cardíaca se basa en varias familias de medicamentos que actúan de manera complementaria. Ninguno por sí solo es suficiente, pero combinados y bien controlados pueden mejorar los síntomas, reducir hospitalizaciones y aumentar la esperanza de vida.
Diuréticos
Son los medicamentos más conocidos para aliviar la hinchazón y la sensación de falta de aire, ya que ayudan a eliminar el exceso de líquido del cuerpo. Actúan a nivel renal, favoreciendo la eliminación de agua y sal.
En Chile se usan con frecuencia furosemida, hidroclorotiazida, eplerenona y espironolactona, entre otros. No curan la enfermedad, pero son esenciales para controlar los síntomas y el peso. Su dosis puede variar según el estado del paciente, por lo que nunca deben ajustarse sin indicación médica.
Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA)
Estos fármacos, como enalapril, captopril o ramipril, ayudan a relajar los vasos sanguíneos, reducen la presión arterial y alivian el trabajo del corazón. Han demostrado prolongar la vida de los pacientes con insuficiencia cardíaca. En personas que no los toleran (por tos o reacciones adversas), se puede optar por otra familia similar: los bloqueadores del receptor de angiotensina II (ARA-II), como losartán o valsartán.
Betabloqueadores
Estos medicamentos, entre los más usados están carvedilol, bisoprolol y metoprolol— ayudan a que el corazón lata más lentamente y con mayor eficiencia. Disminuyen el riesgo de arritmias y mejoran la función cardíaca a largo plazo. Al inicio pueden causar cierta fatiga, pero con el tiempo fortalecen al corazón. Son esenciales para casi todos los pacientes con insuficiencia cardíaca estable.
Inhibidores SGLT2 y combinaciones modernas
En los últimos años, nuevos tratamientos han mostrado excelentes resultados. Los inhibidores SGLT2, como dapagliflozina y empagliflozina, actualmente indicado para pacientes con diabetes tipo 2 y también para pacientes diabéticos no insulinodependientes con riesgo de eventos cardiovasculares.
Otra terapia moderna es la combinación sacubitril/valsartán (ARNI), que ha sustituido en muchos casos a los IECA tradicionales, al mejorar la función cardíaca y la calidad de vida de los pacientes con insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida.
Suplementos que pueden ayudar a complementar el tratamiento
1. Hibiscus (Hibiscus sabdariffa) — también conocido como “flor de Jamaica” o “té agrio”
El hibiscus es una planta ampliamente estudiada por su capacidad para ayudar a reducir la presión arterial. Diversos ensayos clínicos y revisiones han comprobado que el consumo regular de su infusión o extracto puede disminuir tanto la presión sistólica (la “alta”) como la diastólica (la “baja”) en personas con hipertensión leve o prehipertensión.
Además de su efecto vasodilatador, el hibiscus posee una acción diurética natural, lo que favorece la eliminación de sodio y agua, ayudando a controlar el volumen circulante. Se cree que este efecto se debe, entre otros mecanismos, a su capacidad de inhibir la enzima convertidora de angiotensina (ECA), similar al mecanismo de algunos medicamentos antihipertensivos.
Precauciones: puede potenciar el efecto de medicamentos para la presión o de diuréticos. No se recomienda durante el embarazo ni la lactancia.
2. Ajo (Allium sativum)
El ajo, especialmente en su forma de extracto envejecido, ha demostrado en múltiples estudios una reducción moderada pero significativa de la presión arterial, sobre todo en personas hipertensas. Su acción principal es vasodilatadora, antioxidante y antitrombótica.
A diferencia del hibiscus, el ajo no actúa como un diurético directo; su beneficio se relaciona más con la mejora de la función de los vasos y del flujo sanguíneo.
Precauciones: el ajo puede aumentar el riesgo de sangrado si se combina con anticoagulantes o antiagregantes, y también potenciar el efecto de otros medicamentos para la presión. Siempre es recomendable consultar al médico antes de iniciar su uso.
3. Diente de león (Taraxacum officinale)
Tradicionalmente conocido como diurético natural, el diente de león cuenta con estudios en humanos que confirman un aumento del volumen urinario tras su consumo. Este efecto contribuye de manera indirecta a la disminución de la presión arterial, ya que ayuda a eliminar líquidos retenidos y sodio.
No obstante, la evidencia científica que respalda un efecto antihipertensivo directo es más limitada que en otras plantas.
Precauciones: puede interactuar con medicamentos diuréticos o con fármacos que afecten la función renal. También debe evitarse en personas alérgicas a la familia de las asteráceas (como la manzanilla) y durante el embarazo o la lactancia.
4. Apio o semilla de apio (Apium graveolens)
El apio, particularmente sus semillas, ha ganado popularidad gracias a ensayos clínicos recientes que muestran un efecto claro en la reducción de la presión arterial. Sus compuestos activos, llamados ftálidas, favorecen la relajación de los vasos sanguíneos y pueden contribuir a la eliminación de agua y sodio, otorgándole además un ligero efecto diurético.
Precauciones: puede causar fotosensibilidad en algunas personas y potenciar el efecto de fármacos antihipertensivos o diuréticos. No se recomienda su uso durante el embarazo.
En Biofar contamos con un equipo dispuesto a orientarte en su correcto uso. Nuestro compromiso es ofrecerte acceso seguro a tratamientos de calidad, con asesoramiento profesional para resolver tus dudas y acompañarte en el cumplimiento de tu terapia.
La insuficiencia cardíaca es una enfermedad seria, que requiere constancia, control y disciplina. Informarte sobre tu diagnóstico, seguir las indicaciones médicas, tomar los medicamentos correctamente y mantener una dieta equilibrada con bajo contenido de sal son pasos esenciales para frenar su avance y preservar tu calidad de vida.
Prioriza tu salud. Cada medida que tomes hoy —por pequeña que parezca— puede marcar la diferencia entre una enfermedad controlada y una complicación grave. Cuidar el corazón es una tarea diaria, y comenzar por informarte es el mejor primer paso.
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