Alergias respiratorias: aprende a cómo tratarlas
Hay personas que ya lo saben apenas abren los ojos: tres estornudos seguidos, picazón en la nariz, ojos llorosos y esa sensación incómoda de congestión que no termina de irse en todo el día.
Si sientes que cada año estornudas más, te pican los ojos y amaneces con la nariz tapada, no es “algo que oliste”: las alergias respiratorias están cada vez más presentes y no siempre respetan el calendario.
No se trata solo de primavera. El polen que aún circula, el polvo en suspensión, la contaminación y los cambios de temperatura mantienen las vías respiratorias en un estado de irritación constante.
El resultado es una molestia persistente que puede confundirse con un resfriado leve, pero que en realidad responde a un sistema inmune sobreactivado. Entender qué está pasando y cómo manejarlo bien marca la diferencia entre pasar semanas incómodo o recuperar el control de tus síntomas.
Qué está pasando con las alergias respiratorias
La rinitis alérgica es la protagonista de esta historia. Se manifiesta con estornudos repetidos, picazón nasal, congestión, ojos llorosos y esa sensación molesta de tener siempre “algo” en la garganta. No hay fiebre ni dolor muscular intenso, pero sí una molestia persistente que puede durar semanas si no se maneja bien.
Entre el polen que aún circula, el polvo acumulado tras meses secos, la contaminación ambiental en varias ciudades y los cambios de temperatura dentro de un mismo día, el sistema inmune puede mantenerse en estado de alerta constante.
El resultado es inflamación de la mucosa nasal, congestión persistente y síntomas que terminan afectando el descanso, la concentración y la calidad de vida mucho más de lo que solemos admitir.
Alergia o resfrío: la diferencia que importa
Aunque la mayoría ya sabe distinguirlos, vale la pena recordarlo brevemente. El resfrío común suele durar entre 5 y 7 días, puede incluir fiebre baja, dolor de garganta más marcado y malestar general.
La alergia, en cambio, aparece de forma más brusca, no da fiebre y se mantiene mientras exista contacto con el alérgeno. Además, la picazón es mucho más característica en las alergias.
Si llevas dos o tres semanas con síntomas similares, sin fiebre y con predominio de estornudos y picazón, lo más probable es que no sea un virus. Y ahí cambia completamente la estrategia de manejo.
Medicamentos: aliados útiles, pero con criterio
Aquí es donde conviene ser claros. Los antihistamínicos son una herramienta efectiva para controlar síntomas como estornudos, picazón y secreción nasal. Existen opciones que no generan tanta somnolencia como las formulaciones antiguas, lo que permite usarlos durante el día sin afectar tanto la concentración.
Los corticoides nasales en spray también son muy efectivos para la inflamación, especialmente cuando hay congestión persistente. Sin embargo, deben usarse correctamente y durante el tiempo indicado. No son un spray mágico para aplicar solo cuando la nariz está totalmente tapada; funcionan mejor como tratamiento continuo durante la temporada de alergia.
Un punto crítico son los descongestionantes nasales de acción rápida. Sí, destapan la nariz en minutos, pero su uso prolongado puede generar efecto rebote. Eso significa que mientras más los usas, más dependes de ellos para respirar. Lo ideal es no utilizarlos por más de tres a cinco días seguidos, salvo indicación médica.
Automedicarse no es el problema en sí. El problema es hacerlo sin información o abusando de productos que parecen inofensivos. Leer indicaciones, respetar dosis y consultar ante dudas es clave.
Cuándo es momento de ir al médico
Hay señales que no conviene ignorar. Si los síntomas no mejoran pese al uso adecuado de medicamentos, si hay dificultad para respirar, silbidos en el pecho o sospecha de asma, se necesita evaluación profesional. También si aparecen infecciones recurrentes, dolor facial intenso o secreción nasal espesa y persistente que podría sugerir sinusitis.
En niños pequeños, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas, siempre es recomendable ser más cautelosos. Una alergia mal controlada puede alterar el sueño, el ánimo y la productividad, y eso también impacta en la salud general.
Medidas en casa que sí marcan la diferencia
Más allá de los fármacos, hay hábitos simples que ayudan mucho. Ventilar la casa en horarios donde hay menos polen, evitar sacudir ropa de cama al aire libre en plena temporada alta y mantener ventanas cerradas en días de alta contaminación puede reducir la exposición.
El lavado nasal con solución salina es un clásico que funciona. Ayuda a limpiar la mucosa, arrastrar partículas y disminuir la carga de alérgenos. Es seguro, económico y puede usarse a diario.
Cambiarse de ropa al llegar a casa después de estar al aire libre, ducharse antes de dormir y mantener filtros limpios en sistemas de calefacción también suma puntos. No son soluciones mágicas, pero reducen la carga que enfrenta tu sistema respiratorio.
Consejos de abuela que siguen vigentes
La hidratación constante mantiene las mucosas en mejor estado. Un ambiente ligeramente húmedo, sin llegar al exceso, puede aliviar la sequedad nasal. Y aunque no curan la alergia, las infusiones tibias pueden aportar sensación de alivio temporal y bienestar general.
Descansar bien también importa. El sistema inmune funciona mejor cuando el cuerpo no está exhausto. Y si sabes que cada temporada tu historia se repite, anticiparse con tratamiento preventivo antes del peak de síntomas puede cambiar completamente la experiencia.
La clave está en el equilibrio
Las alergias respiratorias no suelen ser graves, pero sí pueden ser tremendamente molestas. El objetivo no es resignarse a estornudar varios meses al año ni tampoco saturarse de medicamentos sin control. Es encontrar un equilibrio entre tratamiento adecuado, prevención y seguimiento cuando corresponde.
En Biofar estamos para informarte sobre este y otros temas. Usa los productos de forma responsable y escucha las señales del cuerpo es la mejor estrategia. Porque respirar bien es una parte básica de tu bienestar cotidiano.
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